Un equipo de astrónomos llegó a la conclusión de que el Sol parece ser mucho menos activo que otras estrellas similares, después de comparar sus variaciones de brillo provocadas por las manchas solares, según un estudio publicado esta semana en la revista ‘Science’.

Los investigadores usaron datos obtenidos por los telescopios espaciales Kepler de la NASA y Gaia de la Agencia Espacial Europea, con los que examinaron 369 estrellas seleccionadas de un total de aproximadamente 150.000. Se estudiaron aquellas con características similares al Sol en cuanto a temperatura, tamaño, composición y periodo de rotación. El análisis reveló que estas estrellas presentaban en promedio cinco veces más variabilidad de brillo que el Sol.

“Esta variabilidad es causada por las manchas oscuras en la superficie de la estrella que giran hacia adentro y hacia afuera”, señaló Timo Reinhold, astrónomo del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Alemania y autor principal del estudio, recoge ‘Reuters’. “Una medida directa de la actividad solar es el número de manchas solares en la superficie”, explicó.

Los investigadores prestaron atención sobre todo al período de rotación, porque la velocidad a la que una estrella gira alrededor de su propio eje influye en la creación de su campo magnético. “El campo magnético es la fuerza impulsora responsable de todas las fluctuaciones en la actividad” del Sol, y su estado determina con qué frecuencia emite radiación energética, explicó el profesor Sami Solanki, para ‘Eurekalert!’.

Los investigadores también estudiaron otras 2.500 estrellas similares al Sol con períodos de rotación desconocidos, determinando que su brillo fluctuaba mucho menos que en las del otro grupo. Esta particularidad del Sol pudo haber sido algo favorable para la vida en la Tierra. “Una estrella demasiado activa cambiaría definitivamente las condiciones de vida en el planeta, por lo que vivir con una estrella bastante aburrida no es la peor opción”, aseguró Reinhold.

Los expertos concluyen que la actividad de nuestra estrella ha sido inusualmente débil en los últimos 9.000 años, aunque no descartan que en escalas de tiempo muy grandes pueda haber fases con fluctuaciones mucho mayores, considerando que el Sol se formó hace casi 4.600 millones de años y se encuentra aproximadamente en la mitad de su vida promedio. La investigación se basó en registros históricos de la actividad del Sol que incluyeron alrededor de 400 años de datos de observación sobre manchas solares y cerca de 9.000 años de datos basados ​​en variantes de elementos químicos en anillos de árboles y núcleos de hielo causados ​​por la actividad solar.