En los años transcurridos desde el fin de la Guerra Fría, poco a poco ha ido cayendo en el olvido uno de los rasgos distintivos de aquella época: la infraestructura de defensa civil en caso de guerra nuclear. En todo este tiempo muchos búnkeres nucleares han sido transformados y habilitados para servir a otros propósitos, permanecen abandonados bajo la amenaza de la contaminación, o bien fueron destruidos y los transeúntes no tienen la menor idea de que pasan sobre lugares que fueron diseñados para salvarse de un ataque nuclear.

Este 26 de enero la junta directiva de la revista ‘Bulletin of the Atomic Scientists’ adelantó en 30 segundos la flecha del Reloj del Apocalipsis, de tal manera forma que a la humanidad le quedan solo dos minutos y medio virtuales hasta la ‘medianoche’. De esta forma los científicos sitúan a la humanidad más cerca que nunca de su fin desde 1953, cuando EE.UU. probó la primera arma termonuclear.

La preocupación de los científicos antes las posibles decisiones de Trump también alcanza a los legisladores de EE.UU., que este 25 de enero desafiaron por primera vez “la autonomía nuclear del presidente” al introducir un proyecto de ley que le impediría ordenar un ataque nuclear sin una aprobación del Congreso de declaración de guerra, escribe Becky Alexis-Martin, investigadora de la Universidad de Southampton británica, en el portal ‘The Conversation’, dedicado al intercambio de opiniones científicas.

“La mayoría de la gente no puede aspirar a sobrevivir a un ataque nuclear”

“Tal vez llegó la hora de resucitar nuestra arquitectura de búnkeres nucleares y de reestablecer los antiguos ejercicios de defensa civil”, se pregunta la investigadora.

Sin embargo, más allá de que las infraestructuras existentes estén deterioradas, el problema radica en que, en realidad, nunca existieron búnkeres nucleares suficientes para salvar a todos. De hecho, muchos de los búnkeres construidos durante la Guerra Fría iban destinados, en primer lugar, para la élite política y no para la población, pues, al menos para el Gobierno británico, la palabra ‘supervivencia’ no significaba la supervivencia de la gente, sino la del Estado”, explica la investigadora.