Equipos de astrónomos han podido medir por primera vez en el espectro de luz visible las enormes burbujas situadas a ambos lados del centro galáctico de la Vía Láctea, informó este miércoles la ‘Universidad de Wisconsin en Madison’ (EE.UU.).

Este registro de rayos provenientes del hidrógeno y el nitrógeno de altas energías mejora la comprensión de las propiedades que tienen estas dos estructuras registradas por primera vez por el telescopio orbital Fermi en el año 2010. Ahora los científicos pueden combinar esta nueva información con los datos previamente recabados de absorción ultravioleta para estimar la densidad, la presión y la temperatura del gas ionizado.

Las primeras conclusiones ya están disponibles y los investigadores las presentaron el 3 de junio en la 236.ª reunión de la Sociedad Astronómica Estadounidense, así como en un artículo prepublicado por ‘The Astrophysical Journal Letters’ (que pasa la revisión científica). Las denominadas burbujas Fermi se extienden a 25.000 años luz tanto por encima como por debajo del plano de nuestra galaxia. La absorción de luz del quásar PDS 456, mucho más distante, a su paso por la burbuja ‘norte’ ha permitido calcular las coordenadas de sus márgenes y establecer que la metalicidad del material que la compone ronda el 30% del valor que tiene el Sol.

Los astrónomos de la Universidad de Wisconsin y otras dos instituciones científicas estadounidenses participantes en el estudio califican de anómala la densidad y la presión de gas a aproximadamente 4.240 años luz sobre el plano medio de la Vía Láctea. Además, estiman que en esa zona las temperaturas oscilan en torno a 8.600 ºC y que mucho hidrógeno de alta velocidad surge en una zona sobrepresionada.

Los eventos espaciales que generaron los flujos de gas altamente enérgicos dentro de ambas regiones esféricas siguen siendo un misterio, pero el año pasado se estimó que se habían producido hace varios millones de años. Se supo también que se alejan del centro galáctico a velocidades de millones de kilómetros por hora. Hasta los años más recientes la región central de nuestra galaxia era difícil de estudiar debido a las nubes de gas espacial que tapaban la vista a los astrónomos, pero los modernos observatorios, como el H-Alpha Mapper de Wisconsin, les han brindado estas nuevas oportunidades.