El 29 de septiembre de 1947, otro juicio comenzó en Núremberg, esta vez se trataba de asesinos de ‘menor peso’: los integrantes de los Einsatzgruppen, quienes masacraron a civiles en los territorios ocupados por Alemania. Pero los criminales de guerra no fueron juzgados por un tribunal internacional, sino solo por autoridades de Estados Unidos, asegura ‘RT’.

Los miembros de los Einsatzgruppen fueron responsables de innumerables crímenes de guerra en territorio de la Unión Soviética, que incluyeron masacres en Zmievskaya Balka (Rostóv del Don) y Babi Yar (Kiev), sitios donde fueron asesinadas decenas de miles de personas, en su mayoría civiles.

Los alemanes ocuparon Rostóv del Don a finales de julio de 1942. El 11 de agosto, bajo exigencia estricta de la administración de la ocupación, varias miles de judíos fueron reunidos en 6 puntos de la ciudad, desde donde se los envió a Zmievskaya Balka, un lugar desolado en las afueras de la ciudad. Solo aquel día fueron masacradas 15.000 personas, en su mayoría mujeres y niños. Aquello fue nada más que el inicio de masacres que duraron todo el período de la ocupación, sumando 30.000 asesinatos solo en ese sitio.

Entre los mártires de aquel macabro lugar figura Sabina Spielrein, discípula de Freud y amante de Jung, una psicoanalista de fama mundial y posiblemente una de las más famosas víctimas del Holocausto en la URSS. La mujer vivió en Berlín hasta 1920, año en que se instaló en la Unión Soviética y trabajó como psicoterapeuta en Rostóv del Don. Sin embargo, en 1942 ‘Berlín’ se condujo hasta su casa, matándola a ella y a dos hijas en Zmievskaya Balka.

Los asesinatos a enorme escala, similares a los fusilamientos en Zmievskaya Balka fueron protagonizados por los Einsatzgruppe de las SS, de los cuales cuatro grupos operaban en el territorio de la URSS. Las matanzas en Rostóv del Don fueron perpetradas por el grupo ‘D’, comandado por el Oberführer Walter Birkamp.

El responsable inmediato de aquellos crímenes fue Kurt Christmann, Sonderkommando 10ª de las SS Hauptsturmführer.

Hasta el 1980 este verdugo se dedicaba tranquilamente al comercio de inmuebles en Alemania Occidental. Pero incluso aquellos que resultaron en el banquillo de acusados no recibieron la condena merecida. En los tribunales de la RFA, muchos de los exnazis no recibieron condenas correspondientes y volvieron a su vida normal en la sociedad alemana debido a que cumplir órdenes de superiores era considerado una atenuante.