La Justicia de Japón ha condenado a un año de prisión a un residente de Tokio por mantener el cadáver de su padre en su vivienda durante casi un mes debido a que tenía miedo a quedarse “sin su único amigo”, informa el periódico local ‘The Asahi Shimbun’.

El acusado, de 61 años, encontró el cuerpo sin vida de su padre, de 91, el pasado 31 de julio y lo primero que hizo fue frotarlo con una toalla y cambiarle la ropa, pero sintió que no estaba listo para despedirse y lo cuidó durante 24 días. Este hombre aseguró que limpiaba el cuerpo y eliminaba los insectos a diario, rociaba la habitación con un aerosol para evitar el mal olor y colocó una sábana de plástico bajo el sofá donde se encontraba para que sus fluidos corporales no empaparan el suelo. Cuando el cuerpo ya estaba en avanzado estado de descomposición se dio cuenta de que hacía “algo terrible”, pero ni siquiera entonces se atrevió a confesar la situación porque “temía” que si se llevaban a su padre se quedaría “realmente solo”.

 

 

La Policía apareció en el domicilio del acusado a finales de agosto, después de que uno de los vecinos presentara una queja por el insoportable hedor que provenía de su apartamento. El acusado se confesó culpable de todos los cargos en su contra en la primera audiencia, el 5 de noviembre. Tres días después, el juez Tomohide Murayama aseguró que podía “entender los sentimientos” del inculpado, pero el hecho de que ocultara un cadáver durante casi un mes resultaba “inaceptable” y suspendió su sentencia de un año de cárcel por dos años.

El procesado pasó casi toda su vida en ese apartamento. Su madre falleció de cáncer cuando tenía alrededor de 20 años y su padre dejó el trabajo menos de una década después. Durante tres décadas, ambos desempleados vivieron de la pensión de su progenitor. Cuando los fiscales preguntaron qué planeaba hacer con el cadáver de su padre, el acusado respondió que “habría mantenido las cosas como estaban” porque “no tenía a nadie con quien hablar”.

Este caso resucitó la polémica en torno a los ‘hikikomori’, un término japonés que se traduce como ‘apartarse’ o ‘estar recluido’ y se emplea con las personas que pasan sus vidas encerradas y reducen al mínimo su relación con el mundo exterior. El ‘Gobierno de Japón’ estima que 1,15 millones de personas de entre 15 y 64 años entre sus más de 126 millones de habitantes son ‘hikikomori’. Las autoridades niponas crearon centros especiales, en los que donde voluntarios y especialistas no pierden la esperanza de ayudar a estas personas mediante psicoterapia y actividades como el teatro, el fútbol o la música.