Un grupo de biotecnólogos chinos ha demostrado en ratones cómo funciona la impresión no invasiva en tres dimensiones de tejidos y órganos al cultivar bajo la piel de un roedor una oreja ‘humana’ en miniatura a partir de una ‘biotinta’. Los componentes clave de la solución que inyectaron eran partículas de hidrogel (fabricado de gelatina) y células del cartílago animal cultivado en una incubadora. Del ser humano solo era la forma del pabellón auricular y, por supuesto, la tecnología, que los autores describen en la revista ‘Science Advances’.

El hidrogel se polimerizó dentro del cuerpo y adoptó el relieve necesario bajo los efectos de la luz infrarroja que los científicos aplicaban por medio de un láser. A su vez, el polímero moldeó el cartílago a medida que se estructuraba en un tejido normal, el proceso duró aproximadamente un mes. El tratamiento no produjo ninguna inflamación significativa u otros efectos secundarios en los roedores, aseguran los investigadores. Y el problema que trataron de resolver es muy real y actual, porque uno de cada 2.000 a 10.000 bebés nace con una patología llamada microtia, la cual impide el desarrollo adecuado del pabellón auditivo.

El resultado de su trabajo recuerda el conocido ‘ratón de Vacanti’, fruto de un experimento estadounidense de los años 1990. En aquel entonces los fisiólogos hicieron crecer la oreja junto a un andamio de plástico previamente implantado en la espalda del roedor, algo que implicó intervenciones quirúrgicas antes y después de que el órgano estuviera moldeado, mientras que esta vez operar no ha sido necesario. Los autores del nuevo método de impresión tridimensional ‘in vivo’ esperan que resulte útil ante todo para confeccionar nuevas orejas a las personas con microtia o después de algún traumatismo. También podría servir para reparar el cartílago fracturado en la nariz, los codos y los dedos.