Un reciente estudio del cambio climático en Asia oriental ha puesto al descubierto un ‘círculo vicioso’ en el que las oleadas de calor agravan el secado del suelo y generan más oleadas de calor. El paisaje resulta cada vez más desértico y el clima más extremo en el interior continental, especialmente en la semiárida meseta de Mongolia. Las personas que nunca han estado en esa región podrían pensar que siempre ha sido así, pero los investigadores demuestran que no es cierto.

El estudio se enfocó en los anillos de crecimiento de árboles que han permitido reconstruir el calor y la humedad del ambiente durante los últimos 260 años y dejan claro que el abrupto cambio vivido últimamente no tiene precedentes. Dos artículos publicados en la revista ‘Science’ el 27 de septiembre, por un equipo chino y otro con participación internacional, recogen datos de esta investigación ecológica y sostienen que la región ya ha pasado un punto de inflexión. Asia interior vive ahora “un nuevo régimen, en el que la humedad del suelo ya no mitiga normalmente la alta temperatura del aire”.

Cuando el suelo esté húmedo, la evaporación enfría el aire en la superficie, algo que no sucede si el suelo ya no tiene agua y el calor se transfiere directamente al aire, explica un comunicado de la Universidad Estatal de Utah. Asimismo las recientes oleadas de calor en Europa y América del Norte señalan la conexión entre el aire cercano a la superficie y la humedad del suelo, reportó el portal ‘Smart Water Magazine’. Sin embargo, el mencionado ‘círculo vicioso’ afecta al clima de Mongolia y las regiones contiguas de China, asemejándolos al que tiene el desértico suroeste de Estados Unidos.

Los investigadores recurrieron también al muy vinculado proceso de reducción de los lagos en la meseta de Mongolia. A partir de 2014, se había documentado una disminución del 26 % en el número de lagos de más de un kilómetro cuadrado de tamaño. “Ahora estamos viendo que no son sólo grandes masas de agua las que están desapareciendo”, afirmó el climatólogo Jee-Hoon Jeong de la Universidad Nacional de Chonnam (Corea del Sur), coautor del trabajo internacional. “El agua del suelo también se está desvaneciendo”.

Como los testigos principales del cambio eran los árboles, otro coautor, Hans Linderholm, de la Universidad de Gotemburgo, señaló que al examinar sus anillos de crecimiento, se ha podido apreciar su respuesta a las recientes oleadas de calor y ver que “no parecen haber experimentado nada como esto en sus larguísimas vidas”.El cambio puede ser devastador para el ecosistema en general, que incluye también a grandes herbívoros, como ovejas salvajes, antílopes y camellos, según dijo el autor principal del estudio, Peng Zhang. “Estos asombrosos animales ya viven al borde, y estos impactos del cambio climático pueden empujarlos [al precipicio]”, estimó.