Científicos de las Universidades de Oxford en el Reino Unido y McGill en Canadá desarrollaron un secuenciador de ADN portátil que confirmará la existencia de microbios en Marte y las Lunas congeladas de Júpiter y Saturno.

El dispositivo llamado MiniON, será lo suficientemente pequeño como para ser transportado en las futuras misiones espaciales. Y ya ha sido probado en una isla ubicada a 900 kilómetros del Polo Norte, donde brotan manantiales de agua cristalina, a una profundidad de 600 metros, de acuerdo con el portal ‘Seeker’. Espacio similar a lo que los científicos esperan encontrar en el planeta rojo.

Manantiales donde el MiniON encontró microorganismos vivos y pudo secuenciar su ADN.

El Dr. Lyle Whyte, profesor de la Universidad McGill, señaló que hay muchos lugares alrededor del Sistema Solar que podrían tener vida, no solo en Marte, sino también en la luna de Júpiter, Europa, y en la luna de Saturno, Encelado.

Debido a que sus condiciones son ideales para albergar vida microscópica, que a su vez, podría ser fuente de alimento de posibles criaturas marinas.

Probables bacterias o fitoplancton como los que habitan en ambientes sin oxígeno ni luz solar y que son la base de cadenas alimenticias muy complejas, en la Tierra.

 

 

La sonda Cassini de la NASA, al pasar cerca de Saturno y sus lunas en 2004, demostró que las plumas de agua que expulsa Encelado al espacio, contienen los elementos químicos necesarios para la vida.

Los estudios del gas que escapa de Encelado, confirman que está compuesto por un 98% de vapor de agua, 1% de hidrógeno y una mezcla restante de amoníaco, dióxido de carbono y metano, el cual es un signo fundamental de la vida en nuestro propio planeta.

Por lo que numerosos científicos creen que estos procesos indican que Encelado podría estar lleno de vida.

Asimismo, entre los años 2014 y 2016, el Telescopio Espacial Hubble, obtuvo imágenes de las sorprendentes erupciones de 90 km de altura, que la pequeña luna de Júpiter Europa arroja al espacio. La constante presencia de las plumas, confirma que el satélite de Júpiter posee una fuente de energía interna, como la actividad volcánica, que la vuelve un ambiente ideal para la vida microscópica.