Un equipo internacional de científicos ha detectado una nueva amenaza para nuestra especie: más de 750.000 personas mueren prematuramente cada año debido a la contaminación que se genera al fabricar bienes en un lugar para posteriormente venderlos en otro.

Según el estudio, publicado en la revista científica ‘Nature’, en el año 2007, de los casi tres millones y medio de personas que murieron prematuramente en todo el mundo por causas relacionadas con la contaminación, más de 410.000 personas (un 12%) fallecieron por respirar finas partículas de contaminación (conocidas como PM2.5) que el viento había movido de una región del mundo a otra.

Además, los investigadores descubrieron que, ese mismo año, las partículas PM2.5, generadas por la producción de bienes y servicios en una parte del mundo y su posterior consumo o utilización en otra región, provocaron que 764.400 personas (un 22%) fallecieran de forma prematura.

Por otro lado, el estudio detalla que la carga ambiental de la industria manufacturera recae principalmente en Asia, una región que se caracteriza por las exportaciones baratas y las permisivas leyes medioambientales. Así, 500.000 personas mueren cada año en el citado continente por enfermedades relacionadas con la polución, incluyendo a más de 200.000 en China y más de 100.000 en la India.

Sin embargo, según los investigadores, China y la India también tienen contaminación que viaja a otros lugares del mundo, provocando la muerte de entre 65.000 y 75.000 personas en otros países. En este sentido, cabe destacar que la polución migratoria de la India provoca más muertes que la de China, ya que en este último caso la contaminación a menudo se dirige al Océano pacífico, donde sus efectos se disipan.

El estudio también apunta a los principales culpables que se esconden detrás de este fenómeno. Según los investigadores, el consumo en Europa Occidental es el causante de casi 170.000 muertes prematuras en el extranjero y en el caso de EE.UU. la cifra alcanza las 100.000.

Por último, los científicos concluyen que la producción de más bienes a nivel local junto con normativas de emisiones más estrictas podrían reducir el número de muertes globales por este fenómeno, además de cambiar el lugar en el que estas muertes ocurren.