El grupo de banca de inversión y valores Goldman Sachs, uno de los más grandes del mundo, ha desatado un debate, ya por muchos conocido, dirigido a la industria farmacéutica, sobre la rentabilidad de curar o no enfermedades.

En concreto, Goldman Sachs se refiere al sector de la biotecnología, especialmente aquellas empresas involucradas en el tratamiento pionero de la terapia génica, tal y como se conoce el proceso de substituir genes defectuosos por genes sanos, agregar genes nuevos para ayudar al cuerpo a combatir o a tratar enfermedades, o desactivar genes problemáticos.

En un informe dado a conocer el pasado 10 de abril y publicado un día después por la ‘CNBC’, titulado ‘La revolución del genoma’, se plantea la pregunta: ‘¿La curación de los pacientes es un modelo comercial sostenible?’, y la respuesta es tajante: ‘No’.

En el texto, la analista Salveen Richter dice textualmente que “el potencial de ofrecer ‘remedios únicos’ es uno de los aspectos más atractivos de la terapia génica, la terapia celular genéticamente modificada y la edición de genes”. Sin embargo, añade, “estos tratamientos ofrecen una perspectiva muy diferente con respecto a los ingresos recurrentes frente a las terapias crónicas”.

Así, según Richter, “si bien esta propuesta tiene un enorme valor para los pacientes y la sociedad”, podría representar “un desafío para los desarrolladores de medicina genómica que buscan un flujo de efectivo sostenido”.

En 2016, los ingresos de las principales 15 farmacéuticas del mundo superaron los 640.000 millones de dólares, de acuerdo al ranking de las 500 empresas más importantes del mundo de la revista ‘Fortune’.

La Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) de España, en un artículo publicado el año pasado en ‘Nueva Tribuna’, explica que por cada dólar invertido en fabricar un medicamento se obtienen 1.000 de ganancias.

La FADSP cita cuatro estrategias que utiliza la industria farmacéutica para obtener sus ganancias millonarias en todo el mundo, algunas de las cuales coinciden con las planteadas por Moynihan y Cassels.

-Realizan una gran presión propagandística de los medicamentos que fabrican, aunque no sean útiles y puedan ser nocivos para la salud.

-Explotan al máximo los medicamentos en forma de monopolio y en condiciones abusivas que no tienen en cuenta las necesidades objetivas de los enfermos ni su capacidad adquisitiva

-Reducen la investigación de las enfermedades que afectan principalmente a los países pobres, porque no son rentables, mientras se concentran en los problemas de las poblaciones con un alto poder adquisitivo, aun cuando no se trate de enfermedades (como la proliferación de ‘medicamentos’ antienvejecimiento)

-Fuerzan las legislaciones nacionales e internacionales para favorecer sus intereses, aunque sea a costa de la salud y la vida de millones de personas.