El brazo de investigación y desarrollo tecnológico del Pentágono confirmó que habla en serio cuando se refiere al desarrollo de tecnologías que permitan controlar sistemas de armas directamente con la mente, usando nada más que un dispositivo que podría ser un casco.

La ‘Agencia de Proyectos Avanzados de Investigación en Defensa (DARPA, por sus siglas en inglés)’ seleccionó seis equipos que recibirán financiamiento en el marco de su programa ‘Next-Generation Nonsurgical Neurotechnology’ (Tecnología Neuronal No Quirúrgica de Próxima Generación), que anunciara en marzo pasado.

Los participantes estarán encargados de desarrollar interfaces ‘mente-máquina’ de doble sentido, para facilitar la interacción entre la mente humana y máquinas, como por ejemplo drones, evitando manipulaciones físicas de control.

Según el comunicado de la agencia, se están realizando experimentos magnéticos, eléctricos, acústicos y de luz para conseguir la transferencia estable y rápida de señales desde la mente a las máquinas.

El programa de desarrollo –de cuatro años de duración– constará de tres fases. En la primera, los participantes dispondrán de un año para demostrar la posibilidad de recordar y descifrar información de las células cerebrales. Aquellos que lo consigan avanzarán a la segunda etapa, en la que desarrollarán y probarán en animales los prototipos de sus dispositivos. La tercera fase supone probar los prototipos en voluntarios humanos.

El responsable del programa, Al Emondi, precisó que el objetivo es crear sistemas portátiles de interfaz que comuniquen con el cerebro, desde unos pocos milímetros, “llevando las neurotecnologías más allá del ámbito clínico hacia usos prácticos de seguridad nacional”.

“Igual que los militares se ponen equipos [corporales] tácticos y de defensa, preparándose para misiones, en el futuro podrían ponerse en la cabeza dispositivos con una interfaz neuronal, usar la tecnología tal como la necesiten y luego quitarse esa herramienta cuando terminen la misión”, explicó.

Los equipos seleccionados para el proyecto representan al Instituto Memorial Battelle, la Universidad Carnegie Mellon, el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, el Centro de Investigación de Palo Alto (PARC, por sus siglas en inglés), la Universidad Rice y la compañía Teledyne Scientific.