El calcio, especialmente si está contenido en productos lácteos, como el yogur, interfiere en la forma de absorber las grasas, favoreciendo la pérdida de peso, informa el portal ‘Sabor Mediterráneo’.

Como en tantas otras ocasiones, la influencia del calcio en la reducción de peso se descubrió de forma casual. Se investigaba el efecto antihipertensivo de los productos lácteos en obesos afroamericanos, para lo cual se incrementó su ingesta de calcio de 400 a 1000 mg al día, gracias al consumo de 2 raciones diarias de yogur durante un año. Pasado este tiempo, se observó con sorpresa que el predecible descenso en la presión sanguínea se acompañaba de una inesperada reducción de la grasa corporal.

Posteriores y sucesivos estudios han ido confirmando este efecto, encontrándose un mecanismo teórico que explicaría estas observaciones. Así, según los resultados de las investigaciones dirigidas por el profesor Dr. Michael Zemel, del Departamento de Nutrición de la Universidad de Tennessee en Knoxville (USA), el calcio interfiere en la forma de absorber las grasas, favoreciendo la pérdida de peso. El calcio, pues, parece tener un efecto antiobesidad, que aún es mayor si está contenido en productos lácteos, como el yogur.

La ingesta diaria de yogur produce también una pérdida mayor de la grasa localizada en la región abdominal, disminuyendo así el riesgo de padecer graves enfermedades crónicas, como las que afectan al corazón. En todos los estudios clínicos en humanos se observa la misma relación inversa entre el incremento en la ingesta de calcio y la reducción de los índices de adiposidad (peso y grasa corporal). Una de las investigaciones desarrolladas por el doctor Zemel y sus colaboradores demostró que la pérdida de peso es mayor cuando se ingieren productos lácteos frente a suplementos de calcio aislado.

Para ello dividió a los participantes de su estudio – adultos con sobrepeso – en tres grupos, siguiendo todos ellos una dieta del mismo valor hipocalórico: el primero seguía la dieta pero con una baja ingesta de calcio y de productos lácteos; el segundo además de la dieta tomaba suplementos de calcio y pocos productos lácteos; y el tercero, dieta y abundantes productos lácteos (3-4 raciones diarias). Después de 24 semanas, quienes tuvieron un alto consumo de productos lácteos perdieron mayor porcentaje de peso.

Pero, además, en este mismo grupo se observó una pérdida mayor de la grasa localizada en la región abdominal, disminuyendo así el riesgo de padecer graves enfermedades crónicas, como las que afectan al corazón.

En definitiva, la utilización de productos lácteos, como el yogur, para conseguir una ingesta óptima de calcio durante periodos de restricción energética puede determinar una mayor pérdida de peso, de grasa corporal – especialmente la abdominal – y una relativa preservación de la masa magra, comparado con la misma restricción calórica de una dieta con escasa presencia de lácteos.