Un grupo de científicos de la Universidad de Yale (EE.UU.) descubrió que dos especies de tiburones pertenecientes a la familia de los esciliorrínidos brillan en las profundidades marinas gracias a un mecanismo de fluorescencia único en animales hasta ahora desconocido, según un artículo publicado este jueves en la revista ‘iScience’.

La mayoría de los animales que son capaces de brillar en la oscuridad —como ranas, escorpiones, camaleones o tortugas, entre otras criaturas marinas— lo hacen gracias a una proteína verde fluorescente o una proteína de unión a ácidos grasos, que ellos mismos producen.

Pero los tiburones Scyliorhinus retifer y Cephaloscyllium ventriosum desprenden un brillo biofluorescente gracias a un proceso químico exclusivo en sus respectivas especies. El brillo de estos animales en condiciones de poca luz en el fondo marino se debe a metabolitos de molécula pequeña de triptófano-kinurenina bromados, que se encuentran solo en las partes más claras de su piel estampada.

Este mecanismo también se halla presente en los sistemas inmune y nervioso central de algunos animales vertebrados, lo que los hace fluorescentes, aunque no es algo significativo porque, por ejemplo, los huesos humanos también lo son debido a las proteínas en el colágeno, reportó ‘Science Alert’.

En el caso de estos tiburones, se trata de un proceso invisible a simple vista, ya que la fluorescencia no se descubrió hasta 2014, pero los escualos sí pueden verlo. Los expertos creen que se trata de un lenguaje visual secreto que solo esas especies pueden entender, ayudándoles a cazar y a aparearse. “Tienen una visión completamente diferente del mundo en el que encuentran debido a estas propiedades biofluorescentes que exhibe su piel y que sus ojos pueden detectar”, explicó Jason Crawford, biólogo químico que participó en el estudio.

Por otro lado, los investigadores también creen que los metabolitos podrían ayudar a esos tiburones a estar más sanos, ya que observaron que están más limpios que de costumbre, pues su piel está libre de bioincrustación, que es la acumulación indeseable de microorganismos como plantas y algas.