“La experiencia con yagé es un encuentro-conversación con uno mismo, y con tus miedos”, cuenta Vanessa Pereira, una venezolana residenciada en Brasil.

El yagé o la ayahuasca es una mezcla indígena milenaria, hecha con dos hierbas amazónicas: la Banisteriopsis Caapi y la Chacruna o psychotria viridis, un potente psicotrópico que contiene dimetiltriptamina (DMT). Su ingesta se hace en rituales chamánicos, guiados por “taitas”. Sin embargo, su esencia mística ahora se han convertido en una “moda” que atrae a cientos de turistas a países como Perú, Colombia y Venezuela, y que se reproduce de manera prolífica por celebridades en EE.UU. Su nombre, en quechua, significa “soga de muerto”.

Un trabajo realizado por la ‘Revista Semana’, detalla que en la última década la popularidad de la bebida congrega a las estrellas de Hollywood “desde Sting hasta Lindsey Lohan, pasando por Paul Simon y Tori Amos”. Pero, ¿a qué se debe su atractivo?

La oferta para rituales abunda en Caracas. A través de internet es fácil llegar a las “tomas” del brebaje y, en Caracas, muchas se realizan “terapias de sanación” en el cerro Ávila. Para asistir hay que cumplir requisitos como ingerir una dieta especial y no consumir alcohol en los días previos al ritual.

Pero su fácil acceso también ha sido denunciado como la mercantilización de una práctica ancestral. En octubre pasado, en Brasil, se realizó la segunda Conferencia Mundial de la Ayahuasca, en la que se denunció que la tradición está en riesgo por las décadas “de explotación predadora de las dos especies vegetales que componen” la bebida, lo que ha significado un riesgo para la selva amazónica.

El precio de los rituales, en países como Perú, ronda los 60 dólares para una sola toma y hasta 500 por varias, que se ofrecen en paquetes turísticos que incluyen estadía en una especie de retiro espiritual. La bebida se ingiere, usualmente, por la noche.

El crecimiento de los adeptos a la bebida ha despertado el surgimiento de un lucrativo negocio por el que ya hay disputas legales. El año pasado, una comunidad indígena colombiana denunció a la ONG ‘Ayahuasca Internacional’, en Argentina, por supuestamente manipular el “patente del yagé”.

“El yagé no es para vender, no es para publicarlo, el yagé es para tomarlo como pueblo porque e nuestro patrimonio de vida”, alertó la comunidad. La ONG -que realiza excursiones con turistas a las zonas selváticas de Colombia para tomar Ayahuasca- consideró que la denuncia era una “difamación” para cobrarles dinero por usar las plantas ancestrales que se mezclan en la bebida que comercializan.