Los habitantes de la antigua ciudad de Pompeya, ubicada al sur de la actual Italia, fueron testigos de una de las muestras más aterradoras del poder de la naturaleza.

En el año 79 después de Cristo, Pompeya quedaría totalmente sepultada tras la violenta erupción del volcán Vesubio, considerada como una de las más grandes y devastadoras de la historia, al acabar con la vida de entre 15 y 20 mil personas.

incinerando al instante a parte importante de su población debido a la expansión del flujo piroplástico, también conocida como nube ardiente, que es una mezcla de gases volcánicos y materiales sólidos abrasadores, junto con aire atrapado bajo la Tierra.

Contrariamente a lo que creían los expertos, las víctimas de la explosión no sufrieron una lenta agonía, sino que morirían al instante, al ser alcanzados por la explosión de la nube ardiente, de acuerdo con una investigación realizada por científicos de la Universidad Federico II de Nápoles, de acuerdo con ‘National Geographic’.

De acuerdo con el estudio, los habitantes de pompeya serían expuestos a temperaturas de entre 300 y 600ºC, en una nube que alcanzaría los 30 km de altura y que avanzaba a una velocidad de 1.5 metros por segundo, arrasando con la ciudad en aproximadamente un minuto.

Los cuerpos de las víctimas presentan la postura conocida como espasmo cadavérico, que sólo se presenta cuando la muerte es instantánea. Tras analizar los restos óseos y el ADN recuperado, los expertos llegaron a la conclusión que sólo la exposición a muy altas temperaturas, podrían causar el efecto visto en los restos.

Sin embargo, esta tragedia podría repetirse. Ya que uno de los autores de la investigación, el Dr. Giuseppe Mastrolorenzo del Instituto de Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia, advirtió que los resultados sobre los efectos térmicos y mecánicos de aquella catástrofe sugieren que el riesgo asociado a una posible erupción futura del Vesubio podría ser de dimensiones mucho mayores a las previstas hasta ahora por los especialistas y por Protección Civil. Por este motivo, es urgente una drástica modificación del actual Plan de Emergencia», añadió el científico.