Enviar drones al rescate de los pacientes que sufren un paro cardíaco y transportar desfibriladores al lugar del problema “no solo es posible, sino que puede ser más rápido que una ambulancia”, estima la médica sueca Sofia Schierbeck. Su equipo, que colabora con el Hospital Universitario Karolinska (Estocolmo), comparó durante varios meses de 2020 el tiempo exacto de entrega de este aparato que salva vidas entre las dos formas de transporte. Sus cálculos demuestran que los drones eran en promedio casi dos minutos más rápidos en llevarlo hasta la casa del paciente que los coches de urgencias. Pese al progreso tecnológico en la medicina, la supervivencia ante los paros cardíacos no ha aumentado con los años y la tasa de mortalidad ronda el 90%, recoge la Sociedad Europea de Cardiología en un comunicado, divulgado por ‘Eurekalert!’.

Normalmente, esta situación es fatal sin una reanimación cardiopulmonar y sin la descarga eléctrica de un desfibrilador externo automático, hasta el punto de que cada minuto sin tratamiento disminuye la posibilidad de sobrevivir. Una mejora en el tiempo de respuesta gracias al uso de drones no es una panacea, pero mitigaría bastante la implacable estadística de muertes. El estudio se llevó a cabo en el área de Gotemburgo, una ciudad al sudoeste de Suecia, y tenía la base de operaciones situada en un aeropuerto. La ‘competición’ comenzaba cada vez que una persona que presentaba lo que parecía un ataque del corazón llamaba al número de emergencias.

En la investigación, tres vehículos aéreos no tripulados se desplegaron en tres ubicaciones diferentes, cada uno con un radio de alcance de cinco kilómetros. Tan pronto como se produjera una alerta por paro cardíaco en una de las tres áreas, el cuartel operativo avisaba tanto a los médicos como a los pilotos de drones. Estos se ponían en contacto con la torre de control de tráfico aéreo y, en caso de conseguir la aprobación para el vuelo, el dron con el desfibrilador despegaba. Por supuesto, era imprescindible que en el lugar de destino hubiera alguna persona que supiera manejar este equipo cuando el dron bajaba el cargamento desde unos 30 metros de altitud, sin aterrizar. Además, el equipo emitía sonidos para llamar la atención del público a su llegada.

A pesar de las eventuales inconveniencias en el reparto aéreo, la tasa de entrega exitosa alcanzó el 92 %, reportaron los autores de este método en ‘European Heart Journal’ el 26 de agosto. El tiempo medio que el equipo tardaba en llegar hasta el paciente rondó los 9 minutos. Según Schierbeck, el papel de los drones en la medicina moderna no se limitará al reparto de desfibriladores y se podría extender con el tiempo a otros escenarios, como la administración de epinefrina a pacientes con shock anafiláctico o de glucosa a los diabéticos con niveles bajos de azúcar en sangre.