El estrés es el mal más cotidiano de la actualidad. Y sin embargo, pronto podría convertirse en una de las principales causas de ausentismo laboral. La dinámica de vida de incontables personas el día de hoy, nos ha hecho buscar una infinidad de remedios para combatir este mal. Terapias profesionales y holísticas, amuletos, medicamentos, etc.

Sin embargo, la alimentación es clave en el aumento del estrés. Por lo que debemos evitar estos productos, si queremos reducirlo, así como la ansiedad.

“Hay que tener presente que el funcionamiento del sistema nervioso, del que dependen el estrés y la ansiedad, responde a un cúmulo de factores, y no es solo cuestión de nutrientes”, explica el nutricionista de Medicadiet, Álvaro Sánchez. Dicho esto, señala que sí que existen determinados alimentos que pueden empeorar las situaciones de estrés y hacerlas mucho menos llevaderas, mientras que otros, muy habituales además en nuestra despensa, pueden ayudarnos a regular el sistema nervioso y hacernos más resistentes al estrés. Estos son algunos de ellos, citado por ‘La Vanguardia’.

Pan blanco, arroz, pasta y cualquier otro carbohidrato refinado son enemigos declarados de nuestro bienestar. Para la especialista en nutrición Pilar Esquer, profesora de Gasma, en Castellón, y creadora de la consultoría Habits, que asesora a empresas para integrar la salud y la alimentación en su estrategia, “el refinado se digiere muy rápido, entra a toda velocidad en el torrente sanguíneo y, por lo tanto, provoca un pico de glucosa”. Esto obliga al páncreas “a producir un chute de insulina inmediato para metabolizar la glucosa, que enseguida vuelve a estar bajo mínimos”, explica la experta, que define esta situación tan habitual en el día a día de muchas personas como “una auténtica montaña rusa, que nos hace desear una nueva dosis de glucosa, o un café, o cualquier cosa que nos saque del desplome”.

Cuando los niveles de glucosa están estables –lo que se consigue, según Esquer, echando mano de “carbohidratos integrales, ricos en fibra”–, el páncreas “va mandando insulina poco a poco, de manera que dejamos de vivir en un ir y venir de subidas y bajadas de glucosa, lo que nos pone de buen humor, nos da fuerza y energía” y, por tanto, nos ayuda a manejar mejor las situaciones de estrés y ansiedad.

Según Esquer, el consumidor medio es cada vez más consciente de las consecuencias del consumo de azúcar sobre el organismo, cosa que no ocurre todavía con los carbohidratos refinados. Bollería, snacks, refrescos, zumos, postres lácteos azucarados y, en definitiva, cualquier producto que contenga azúcar hace que “estemos funcionado constantemente con un mecanismo nada aconsejable: nuestros niveles de glucosa suben, a continuación se desploman y el cuerpo echa mano de las reservas del hígado, lo que afecta a nuestro nivel de atención y nuestra capacidad de reacción”, que acaba siendo un constante vaivén. “Lo que muy deprisa sube, muy deprisa baja”, resume.

Esquer insiste en que “el alcohol es tóxico, y por lo tanto indefendible: habría que eliminarlo de la dieta”. Sánchez, por su parte, va más allá. “No hay nada peor que el alcohol para el estrés, pues es un depresor del sistema nervioso, de manera que hay que evitarlo”. Esto significa que, al desinhibirnos, el alcohol lo que en realidad está haciendo es “inhibir determinadas funciones cerebrales, está reduciendo las funciones del sistema nervioso, aunque al principio nos parezca que es un estimulante”.

Esquer es categórica: “cuando alguien necesita la cafeína para funcionar es que está haciendo algo mal”, de manera que se tendría que consumir “el mínimo café posible”. Para Esquer, “el café es un estimulante, que hará que luego necesites más para paliar los bajones, de modo que conviene reducirlo hasta convertirlo en un placer de consumo esporádico”.

Sin embargo, no parece existir consenso a nivel científico sobre la relación del café con diversas patologías. Mientras Sánchez destaca que diversos estudios, como el realizado por la Universidad de Harvard, señalan que las personas que consumen una taza de café al día tienen menos riesgo de padecer diabetes de tipo 2, otro de la Duke University, en Carolina del Norte, asegura que la cafeína dispara los niveles de glucosa en este tipo de diabéticos, lo que, para Esquer, es motivo suficiente para eliminar su consumo.