A pesar de ser necesaria para el correcto funcionamiento del organismo, la sal consumida en exceso es una de las principales causas de la hipertensión arterial, padecimiento que hace que las arterias pierdan elasticidad volviéndolas más rígidas dificultando el trabajo del corazón y los riñones.

Es la principal causa de Ictus (accidente cerebrovascular), propiciando hemorragias cerebrales, que provocan aproximadamente un tercio de los fallecimientos por enfermedades circulatorias. Un alto porcentaje de las personas que sobreviven a un ictus sufren secuelas físicas y neurológicas graves para el resto de su vida.

La sal produce insuficiencia cardiaca e infartos, ya que el corazón se vuelve incapaz de bombear sangre necesaria para el cuerpo y dificulta la función de los riñones, disminuyendo la filtración, potenciando la hipertensión, además de predisponer a la formación de cálculos renales. También disminuye la cantidad de calcio, a mayor eliminación de sodio a través de la orina, mayor eliminación de calcio y se ha demostrado que la reducción de la ingesta de sal hace que las vías resporatorias se despejen mejorando el paso del aire.

Favorece el sobrepeso, al aumentar la sensación de sed e hidratarse con bebidas azucaradas, por lo que la Organización Mundial de la Salud recomienda el consumo de 5g de sal al día. Se dice fácil, pero realmente es muy difícil medir su ingesta, es por ello que la mayoría de las personas comen casi el doble de esta cantidad al día.