Algunos no necesitan dormir muchas horas para sentirse descansados y preparados para empezar el día, ni se levantan con el pie izquierdo si duermen solo seis horas o menos todavía. Esta conducta del sueño, cuando la persona simplemente duerme menos porque así se lo dicta su reloj biológico, tiene una explicación genética y puede deberse a una mutación en un gen específico.

A esta conclusión llegó un equipo de científicos —en su mayoría de la Universidad de California (EE.UU.)— que detectaron en el gen ADRB1 una mutación asociada con la vigilia y el sueño de movimiento ocular rápido, la etapa superficial del sueño en la que una persona puede despertarse fácilmente. En el marco de su estudio, publicado en la revista ‘Neuron’ a finales de agosto, los investigadores identificaron a una familia con tres generaciones que duermen poco por naturaleza, y así dieron con una rara mutación del gen ADRB1 que estaba presente en cada uno de sus integrantes. Se estima que esta mutación se produce en apenas cuatro de cada 100.000 personas.

En experimentos con ratones, aquellos que mostraban la misma mutación genética dormían 55 minutos menos que otros roedores sin la mutación. Los científicos también descubrieron que podían despertar a los ratones durmientes estimulando las neuronas del tronco cerebral que portan ADRB1. Así los sacaban de inmediato de un sueño profundo.

Los investigadores creen que la mutación del gen ADRB1 hace más activas las neuronas del tronco cerebral, y esto podría ser una explicación de por qué las personas portadoras se conforman con dormir menos y se sienten bien tras pocas horas de dormir. Esta no es la única mutación conocida a la que puede deberse la ausencia de la necesidad de dormir mucho. En 2009 se dio a conocer el caso de una madre e hija que se sentían bien después de dormir tan solo unas seis horas y tenían una mutación en el gen DEC2, responsable de esa peculiaridad.

Las mutaciones en ambos genes, tanto en DEC2 como en ADRB1, no parecen estar asociadas con ninguna consecuencia negativa para la salud y convierten el patrón de dormir poco en una normalidad para algunos. En el caso de que los próximos estudios logren hallar las maneras para recrear con medicamentos los efectos de esas mutaciones, la comunidad científica podría estar más cerca de un tratamiento universal para trastornos del sueño o, incluso, de ayudar a quienes sufren de insomnio a sacar más provecho del dormir pocas horas.