Un reporte difundido por la ‘ONU’ este 3 de junio insta a los países del mundo a reconstruir ecosistemas en 1.000 millones de hectáreas de tierras degradadas por diversos tipos de actividad humana. El objetivo de esta iniciativa es mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2°C, garantizar la seguridad alimentaria de la creciente población humana y reducir el ritmo de extinción de especies.

Respecto a la destrucción de la naturaleza, los expertos del programa ambiental de la ONU afirman que la humanidad sigue avanzando en la dirección equivocada, cuando en realidad lo necesario es “recrear una relación equilibrada con los ecosistemas que nos sustentan”. El documento califica de enorme el crecimiento económico de las últimas décadas, pero señala que este “se ha producido a costa de la salud ecológica”, lo cual afecta especialmente a los pobres, los pueblos indígenas y otros grupos marginados.

Aunque la conservación de ecosistemas saludables es de vital importancia, “ya no es suficiente”, reza el informe, que fija un plazo de 10 años para cumplir los mencionados objetivos. Con este fin, la restauración o renaturalización de las tierras debe efectuarse a gran escala. Los esfuerzos para recuperar la salud, la biodiversidad y la productividad de la naturaleza podrán aprovechar la “extraordinaria capacidad de renovación” que tienen los propios ecosistemas. Según los cálculos que comparten los autores, las acciones para prevenir, detener y revertir la degradación de los suelos podrían proporcionar un tercio de la mitigación necesaria para 2030 con el fin de contener el calentamiento global dentro del límite objetivo. Esto incluye una mejor gestión de unos 2.500 millones de hectáreas de bosques, cultivos y tierras de pastoreo y la restauración de la cobertura natural de más de 230 millones de hectáreas.

Las medidas que promueve el informe no deben traducirse en pérdidas para aquellos que las pongan en la práctica, ya que, como la mitad del PIB mundial depende de la naturaleza, cada dólar invertido en la restauración ambiental debe generar hasta 30 dólares en beneficios económicos, según los cálculos citados. Por sí sola, una agrosilvicultura respetuosa con esta política ecológica tiene el potencial de aumentar la seguridad alimentaria para 1.300 millones de personas. Adicionalmente, en opinión de los autores, los países deben asumir compromisos similares para las áreas marinas y costeras. Así, al restaurar las poblaciones de peces marinos se podría aumentar la producción pesquera en 16,5 millones de toneladas, con un valor anual de 32.000 millones de dólares, aseguran desde la ONU.