En busca de un método seguro para proteger al género humano de las enfermedades transmitidas por mosquitos, la biotecnología ha pasado de criar y liberar millones de insectos transgénicos a modificar genéticamente los repelentes. El sitio web ‘New Atlas’ reportó este lunes sobre un avance en esta clase de experimentos patrocinado por la Agencia de Proyectos Avanzados de Investigación de Defensa de EE.UU. (DARPA). En esta agencia gubernamental, subordinada al Pentágono, quieren que el efecto del repelente de nueva generación dure semanas y no irrite la piel humana. La tecnología se enfoca en un cambio artificial del microbioma cutáneo, las bacterias que viven en nuestra piel, mientras que los repelentes habituales buscan intoxicar al mosquito o disuadirlo químicamente de la picadura.

Entre las instituciones envueltas en el desarrollo de este nuevo ‘producto bioterapéutico vivo’ destacan la Universidad Internacional de Florida y las empresas Ginkgo Bioworks, Latham BioPharm Group, con sedes en Boston y Cambridge (Massachusetts), y Azitra, en Branford (Connecticut). La DARPA les ha asignado este diciembre un monto de 15 millones de dólares para este trabajo. Se pretende alterar el microbioma porque es el que produce olores y ellos permiten a los mosquitos hembras la identificación de su víctima potencial y los atrae a que busquen la sangre.

“La idea es que hagamos un tópico que contenga microbios”, explicó en declaraciones al medio el doctor Matthew DeGennaro, de Florida. Se trata de alterar el perfil del olor humano, indicó, puesto que “hay algunos olores clave que son atractivos para los mosquitos, que la mayoría de los humanos emanan” y es preciso “enmascararlos”. Elementos como el calor del cuerpo y el dióxido de carbono exhalado también desempeñan un papel en la atracción de los mosquitos, pero DeGennaro estimó que esos factores solo provocan el comportamiento de la alimentación en general, mientras que los olores llevan al insecto hacia un huésped específico.

Los investigadores quieren evitar los olores fuertes, para que el microbioma “sea lo más natural posible” y la persona que lo tiene aplicado dé la impresión de “como si no tuviera nada en la piel”, según detalló Nadia Parachin, de Ginkgo. Debido a que el microbioma de cada persona es único, se requiere una investigación adicional para ver cómo funciona en múltiples individuos el repelente, que incorpora bacterias vivas que pueblan la piel, para producir el cambio requerido. Se espera que este cóctel no tenga efectos secundarios y sea eficaz durante al menos dos semanas después de la aplicación, incluso si los usuarios se bañan con regularidad.

Según DeGennaro, el efecto será “potencialmente asombroso”, puesto que se trata de “la producción en vivo de repelente”, así como de la eliminación, también en vivo, de los compuestos que atraen a los mosquitos. Sin embargo, el LBP requerirá primero estudios con ratones seguidos de ensayos en humanos antes de que llegue al mercado como producto comercial. El programa subvencionado por la DARPA tiene cuatro años de duración. El primer paso del Gobierno de EE.UU. para proteger a sus soldados de la malaria y las fiebres transmitidas por mosquitos fue el desarrollo del DEET a mediados del siglo XX. Las pruebas en animales, incluso en los recientes años, demostraron que este compuesto químico puede ser eficaz, pero también que puede causar irritación y debe reaplicarse cada pocas horas, informó el sitio web de la ‘NPIC’.