La leche de soya tiene diferencias considerables frente a la leche de vaca. Fundamentalmente se distingue por los tipos de nutrientes que contiene. Otra diferencia es la cantidad de hierro: la leche de vaca contiene más cantidad que la de soya, sobre todo la leche entera. Según Josep Antoni Tur, catedrático de fisiología de la Universidad de las Islas Baleares en España, la leche entera es rica en ácidos grasos saturados y tiene colesterol; por el contrario, la leche de soya carece de colesterol, que se sustituye por el citosterol (colesteroles vegetales) y posee ácidos grasos polisaturados. El citosterol no tiene efectos perniciosos sobre el organismo. La cantidad de grasa de la bebida de soja es inferior, con una cantidad equivalente a la de la leche semidesnatada, informa el portal ‘Cuidateplus’.

Del mismo modo, el aporte de calcio de la leche de soya es inferior al de la leche de vaca, concretamente 100 miligramos por 100 gramos de bebida de soya. Pero al carecer de colesterol, es beneficiosa para el corazón y para el sistema circulatorio. Puede ayudar a prevenir la osteoporosis, al proveer al hueso de calcio, aunque este no es el único factor importante. La osteoporosis depende también de la matriz orgánica del hueso, pero la leche de soya ayuda a prevenir esta patología. Es un producto óptimo para personas que tengan alergia a las proteínas de la leche de vaca y para los intolerantes a la lactosa.

La principal desventaja que puede tener la leche de soya es la alergia a la proteína de ese cereal. Puede provocar un fenómeno alergénico acompañado de urticaria e hinchazón de la glotis; la reacción dependerá de la sensibilidad alérgica de la persona afectada. No existe una razón clara para sustituir los lácteos de la alimentación cotidiana, menos aún en el caso de los niños pequeños. La leche de soya puede ser un sustituto para las personas alérgicas a las proteínas de la leche o para los intolerantes a la lactosa, aunque en estos últimos casos se recomienda ingerir leche de vaca sin lactosa.

La bebida de soya no debería sustituir a los lácteos en niños, puesto que estos son de gran importancia para el desarrollo y correcto crecimiento. Alma Palau, presidenta del Consejo General de Dietistas-Nutricionistas (CGDN), afirma que hasta los 6 meses de vida, el bebé debería recibir lactancia materna exclusiva. A partir de los 6 meses y hasta los 12 es recomendable que continúen tomando el pecho. A partir del año y hasta los 2, es conveniente que sigan tomando leche de la madre y se pueden combinar con otros lácteos fermentados. Si la madre no puede continuar dándole el pecho al lactante, se recomienda suministrar una leche adaptada para niños de su edad. A partir de los dos años de vida las bebidas de soya podrán suministrarse con tranquilidad. Asimismo, la idea de que la leche de soya ayuda a adelgazar es un mito; según los expertos, no ayuda aunque se puede incluir en alguna dieta de adelgazamiento, igual que la leche de vaca semidescremada.