El ‘rover’ espacial MASCOT ha logrado realizar mediciones que han demostrado que, en contra de lo que se esperaba, el asteroide Ryugu está vacío por dentro y su estructura porosa es similar a la de una esponja. El descubrimiento explica por qué solo un número extremadamente pequeño de meteoritos de este tipo alcanza la superficie de la Tierra.

Anteriormente, los astrónomos creían que la superficie de los asteroides condritos de tipo C estaba cubierta de polvo fino y guijarros cósmicos, y que su interior lo componían rocas relativamente densas. No obtante, de acuerdo con un estudio publicado en la revista ‘Nature Astronomy’, todo resultó diferente cuando MASCOT investigó Ryugu y constató que solo su superficie albergaba grandes rocas, mientras que su interior estaba vacío.

“Ryugu nos sorprendió. En el asteroide solo observamos fragmentos grandes que son muy porosos y probablemente muy frágiles”, afirma Matthias Grott, uno de los líderes de la misión MASCOT, de acuerdo con ‘DLR’. “Ahora podemos confirmar que es muy probable que los fragmentos de estos asteroides se rompan aún más cuando entren en la atmósfera de la Tierra y, por lo general, se quemen por completo. Esto significa que solo los fragmentos más grandes alcanzan la superficie de la Tierra”, señala el científico.

Esta teoría también la confirma el hecho de que el asteroide se calienta y se enfría muy lentamente cuando llega la ‘mañana’ y la ‘noche’ en las regiones estudiadas por MASCOT. Por otro lado, los científicos no excluyen que en su interior pueda ocultarse un núcleo sólido y denso cubierto por una capa bastante gruesa de rocas parcialmente divididas y trituradas.

Los planetólogos señalan que, en este sentido, Ryugu es parecido a los cometas Churyumov-Gerasimenko y Hartley. Esto, a su vez, indica que el objeto del que procede el Ryugu consistía en materia primaria del sistema solar y era bastante grande (su diámetro podría haber superado los 50 kilómetros). Si esta teoría es cierta, Ryugu podría ser un fragmento de la corteza primaria del “embrión” de un planeta.

Por otro lado, también es posible que el progenitor de este cuerpo celeste fuera un objeto relativamente pequeño, de aproximadamente un kilómetro de ancho. En este caso, debería haber aparecido en los primeros momentos de vida de nuestra familia planetaria, cuando el disco protoplanetario estaba lo suficientemente caliente para la existencia de agua líquida.

Los científicos señalan que el descubrimiento y posteriores estudios de este cuerpo celeste son extremadamente interesantes desde el punto de vista de la historia del nacimiento del sistema solar.