“Pensé que iba a morir”. Esto es lo primero que se le pasó por la cabeza a Donna Penner, una canadiense de 55 años, cuando experimentó la así denominada percepción intraoperatoria durante una cirugía. 

Aunque la anestesia general hace que las intervenciones resulten indoloras, existe la evidencia de que casi un 5 % de las personas que se someten a este procedimiento pueden permanecer despiertas y sentir plenamente el transcurso de la cirugía, mientras los médicos creen que ha perdido la sensibilidad, advierte el portal Mosaic de la organización benéfica de investigación biomédica Wellcome.

Penner, de la ciudad de Altona, se sometió a una laparotomía de vientre en 2008. Cuando se dio cuenta de que podía escuchar a los médicos y los sonidos de los instrumentos quirúrgicos, lo primero que pensó fue que la operación ya había terminado, cuando, de repente, escuchó al cirujano decir “bisturí, por favor” y sintió el filo. La cirugía solo acababa de empezar.

Este fenómeno se denomina percepción intraoperatoria. Aunque los pacientes atrapados en esta situación son capaces de sentir y de percibir información, el efecto paralizante de la anestesia le impide comunicarse y avisar a los doctores de que siguen conscientes.

Según recuerda Penner, el dolor que sintió tras la primera incisión fue “insoportable”. La mujer experimentó una “indescriptible agonía”, pero no pudo moverse, gritar, abrir los ojos, y ni tan siquiera llorar para avisar al personal de lo que le estaba pasando. La cirugía duró una hora y media, tiempo durante el cual Penner pudo sentir cada incisión del bisturí en su cuerpo. Sin embargo, los sufrimientos no terminaron con la operación. 

A medida que los bloqueadores neuromusculares comenzaron a desaparecer, Penner empezó a recuperar la movilidad de la lengua y la utilizó para mover el tubo que tenía para respirar para hacerle una señal al doctor. Sin embargo, su intento fue malinterpretado por los médicos, que le retiraron el tubo. “Estaba acostada en la mesa y él me quitó el soporte de mi vida, mi oxígeno, no podía respirar […]. Y pensé: así es, así es como voy a morir”, recuerda la mujer.

Por aterrador que parezca, se desconoce la tasa precisa de personas que pasan por este angustioso trance. Ello se debe al efecto amnésico que causa la anestesia general, de tal forma que hay personas que experimentan una situación como la de Penner, pero no lo recuerdan.

“La dosis [de anestesia] que se suministra para borrar recuerdos es menor que la que se necesita para borrar la conciencia. Así que la memoria se va mucho antes de la conciencia”, explica Peter Odor del Hospital de San George en Londres. En otras palabras, algunas de las personas que permanecieron conscientes durante una cirugía, sencillamente no pueden recordarlo.